El ser humano es propenso al belicismo, disfruta del combate, al igual que las guerras tanto propias como ajenas.
Por mucha gente que se alce en contra de las guerras siempre habrá otros más poderosos apoyandolas.
Nos hacen creer que la lucha es por el bien común de las gentes, para liberar al pueblo del yugo opresor del dictador de turno, que es mejor prevenir que curar. Hasta que no te caes, no puedes aprender a levantarte.
Todo no es más que una cortina de humo ,por todos sabido. Los intereses, digamosles ocultos, son los que todos conocemos; económicos, comerciales y políticos, por ese orden.
Si realmente fuese por una causa justa, no habría tantos detractores, pero lamentablemente estaríamos continuamente en guerra con infinidad de países.
El ser humano esta necesitado de bienes banales, riquezas, soberbia y sobre todo poder, poder sobre los demás. Y todo ello se obtiene siempre del mismo modo, a costa del sufrimiento, la impotencia y la continua pobreza de la inmensa mayoría de la gente.
¿Por qué no se levanta el pueblo de este mundo en contra de estos líderes que quieren controlar nuestras vidas y destinos?.
¿Acaso no somos mayoría?.
¿No sabemos quienes son estos líderes?.
La verdad es que estamos más preocupados por nosotros mismos, que por los problemas de la mayoría general, ignorandolos si no nos toca de cerca.
Es posible que por naturaleza necesitemos un faro que nos alumbre, un líder que nos guíe, como tantas veces a ocurrido a lo largo de la historia, esa persona que nos dé esperanzas, ilusiones que nos arengue, que nos conduzca en el camino recto, que nos indique que debemos hacer, que nos imponga unos ideales.
Pero si así fuera se le consideraría un dictador y volveríamos al punto de partida. Y en ese caso significaría que las guerras tienen como fin el de controlar a la multitud para que no altere la estabilidad de unos pocos acaudalados y poderosos.
Es difícil llegar a comprender como es qué, viviendo en un mundo repleto de belleza y abundante de recursos en el que si se quisiera nadie pasaría hambre, haya una diferencia social tan descomunal, como puede haber personas que nadan, literalmente, en riquezas y por el contrario hay otras que buscan el la basura algo de comer, sin mencionar a los niños que mueren de hambre.
Si se pudiera repartir equitativamente todo aquello que poseemos podríamos llegar a vivir en igualdad de condiciones, sin ricos ni pobres, solo personas en una utopía.
Jamas llegará el hombre a esa meta pues no está en sus genes, aunque lo intentase al poco tiempo aparecerían las envidias, las discusiones de poder, las luchas de territorios y concluiría con la guerra.
Aparte de los beneficios económicos y demás ganancias que algunos obtienes, también se sufren pérdidas pero esas perdidas recaen principalmente en el ciudadano de a pie, que son precisamente los que no querían entablar batalla sin sentido, los que entierran a sus seres queridos antes de tiempo por su culpa.
Quizás dentro de algún tiempo, por un milagro, o por la acción de millones de personas se consiga una igualdad de derechos y la paz total. la alternativa a eso, significaría nadie ganó la última confrontación y el mundo sufrió las consecuencias.
Por un castigo justo a todo aquel que se dirija en contra de la humanidad.
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