Se subió al taxi qué le esperaba en la calle y le dió la dirección al conductor sin dedicarle ni un saludo. - Dese prisa -.
Parecía una persona grosera y mal educada, pero por su estado de nervios y ansiedad por no llegar demasiado tarde a su cita, con el trabajo qué le ha costado .
-¿Qué más podrá salir mal?-.
Está mañana se despertó tarde por culpa del despertador qué curiosamente no sonó cuando debía. Se cortó varias veces afeitándose por las prisas qué tenía. Las tostadas qué estaba preparando para desayunar se quemaron. Sólo le quedó el café con leche para despertarse y llenar el estomago.
Tardó un rato en decidir qué ponerse y eso qué lo Tenia preparado desde anoche y normalmente se ponía lo primero qué encontraba, pero está vez era demasiado importante para él, no quería defraudar.
Una vez preparado salió de casa, por el camino se encontró con varios vecinos qué le preguntaron , qué tal todo, y cortésmente le respondió, hasta qué en un descuido pudo escabullirse.
El coche estaba aparcado dos calles más arriba, no había nada más cerca ayer. Abrió la puerta, se sentó, introdujo las llaves y arrancó, o eso intentaba. Repitió el proceso varias veces hasta que lo dejó por imposible. -No me lo puedo creer-.
No le quedaba más remedio que pedir un taxi, se buscó por los bolsillos hasta qué encontró el móvil. Una vez en sus manos llamó;
-En treinta minutos está en su puerta-.
-Muy bien gracias-.
A los cuarenta y cinco largos minutos llegó.
-¡Por Fin!-.
Una vez en el taxi, ya de camino, repasó mentalmente como había transcurrido la mañana desde qué se levantó, no le hizo ningún bien.
No tenía muchas esperanzas de qué le fueran mejor las cosas desde ahora, lo que había de venir.
El vehículo se detuvo, habían llegado. Pagó al taxista y se apeó.
Se sacudió y estiró un poco el traje para quitarle las arrugas. Inspiró hondo un par de veces y dijo ;
-Bien, pues aquí estoy-.
-Vamos allá, sin miedo-.
Se abrochó la chaqueta y con paso decidido atravesó las puertas.
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