La ausencia de luz en el Alma provoca que esta se extinga inevitable y dolorosamente

viernes, 6 de septiembre de 2013

Evasión

Corriendo por el asfalto, esquivando arboles, perros, peatones y vehículos. Respirando ritmicamente el humo de la contaminación y los olores de las ciudad. Escuchando música que motive, que llene de energía y haga olvidar los problemas despejando la mente.
Solo escuchas la música, ves tu camino, sientes tu cuerpo empapado en sudor. Tus piernas se quejan del esfuerzo realizado pero aguantan. En cambio te falta el aire, apenas puedes respirar, inspiras y espiras controladamente para no ahogarte. Tu corazón late rápidamente y con tal fuerza que notas sus golpes en el pecho. Sufres pero no te duele, y continuas.
En algún momento deberás parar y dar media vuelta para regresar al hogar, pero prolongas tu viaje solitario un poco más.
Al tu regreso lo primero que quieres es una ducha  y eso haces, sin prestar atención a lo que te rodea. Siente el agua tibia golpearte y después deslizarse suavemente por tu piel pasando por cada poro y variando su cauce a su paso por el vello, masajeando la cabeza entrelazando los dedos con el cabello, dejas que el agua limpie los restos del jabón sin que tú hagas nada, simplemente permanecer allí de pie, esperando que a la vez limpie tú espíritu. Podrías pasarte allí una eternidad, pero pese al esfuerzo que ello conlleva, cierras el grifo.
Mientras te vas secando el cuerpo húmedo con la toalla lo más lento y pausadamente en un intento de retrasar lo inevitable.
Inspiras y espiras, esta vez profunda y lentamente, consciente de que el tiempo, el que tienes para ti se acaba, tú desconexión del mundo llega a su fin, para afrontar vez más lo que el mundo tiene preparado para el resto del día.

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