Entro al estudio de tatuaje decidido y motivado. Estoy contento de hacérselo por un motivo, más ajeno qué propio, pero realizado por elección propia. Su significado es simplemente mi cariño y amistad eterna a unas personas a las qué conocí relativamente hace poco tiempo y a los qué les debo el haberme aceptado en el grupo y haberme salvado de mi soledad.
Me reciben sonrientes la tatuadora y la anilladora, las propietarias del estudio, me hacen sentirme cómodo,lo cual se lo agradezco. Una vez dentro comenzamos, enciende la maquina y vamos allá.
Los pinchazos de la aguja son más dolorosos de lo qué recordaba. Al principio no me lo esperaba pues no recordaba ese dolor pero pasado unos minutos empiezas a acostumbrarte y te acabas relajando, hasta tal punto qué empiezo a dormirme en un momento en el qué estuvimos sin hablar.
Pasaron casi dos horas en un suspiro, podría haber permanecido allí días enteros de lo cómodo y confiado qué me sentía. Pero terminamos, yo entusiasmado y contento de mi nueva adquisición. Antes de marcharme le ofrezco otro proyecto el cual acepta sin pensarlo. En unas semanas nos volveremos a encontrar, nos damos dos besos y nos despedimos.
Sí no me hubiese sentido tan bien en aquel estudio no hubiese vuelto, pero ante la tan abrumadora profesionalidad y simpatía estoy ansioso de volver y lo único qué lamento es el no poder ofrecerles más trabajo.
Mil Gracias Kodama por hacer mis sueños y deseos realidad.
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